Pecorino
clásicoAlquitrán amargo contra sal de oveja. La Toscana sirve esto sin nada más.
Miel oscura, alquitranada y de verdad amarga. Sabe a tanino y a humo, y la gente la ama o la escupe.
Alquitrán amargo contra sal de oveja. La Toscana sirve esto sin nada más.
El moho azul ya es amargo. La miel está de acuerdo con él en vez de discutir.
Mismo árbol, extremos opuestos. La castaña es dulce y la miel enfáticamente no lo es.
La cuajada blanca y plana es la única superficie que esta miel no invade de inmediato.
Dos taninos, un solo líquido. La nuez aporta textura y ningún alivio.
Tanino de cacao y alquitrán floral. Ambos amargos, y ninguno cede.
Revuélvela en vez de azúcar y la taza gana humo en lugar de dulzor.
Úntala tarde. El amargor es lo que evita que un glaseado se lea como postre.
Dos amargos que saben a corteza. Uno es un trago y el otro una cucharada.
Miel amarga sobre hoja amarga. Nada endulza, todo redondea.
Una miel amarga es la única que no vuelve esto empalagoso.
La miel amarga y alquitranada quiere una grasa insulsa que no le responda.
Dos amargores se cancelan, y lo que sobrevive es el dulzor.
La miel amarga discute con el fermento en vez de cubrirlo.
Dos cosas desagradables, amarga y amoniacal, que acuerdan comportarse.
Dulzor tánico sobre carne de caza. El amargor la mantiene fuera del territorio de la mermelada.
Sulfuros de bosque bajo alquitrán de bosque. Ninguno necesita ayuda para ser intenso.
Miel amarga, no miel dulce. Se encuentra con la nota de corral en sus propios términos.
Miel amarga, no miel dulce, así que la sal tiene con qué discutir.
Miel amarga contra hueva amarga. Sal y amargor, sin azúcar a la vista.
Amargo y levemente medicinal por ambos lados. Se lee como un té que no deberías tomar.