Parmesano
clásicoEn láminas, no rallado. Cristales de sal contra el aceite de mostaza.
Una hoja con carácter. Se marchita al contacto con cualquier cosa caliente, y ese suele ser justo el punto.
En láminas, no rallado. Cristales de sal contra el aceite de mostaza.
Aceite picante sobre hoja picante. El mismo ardor, distinta duración.
El ácido es el único aderezo que no ahoga el picor.
La grasa curada se derrite, la hoja se desploma sobre ella, el plato termina ahí.
Hoja picante, carne salada, aceite para unirlas. Nada más entra en el plato.
El jarabe agridulce le da al amargor un piso donde pararse.
Dulzor frío debajo del picor, haciendo el trabajo que haría la crema.
Grasa resinosa y picor de mostaza, la sustitución más vieja del pesto.
Lechosa y plana a propósito. La hoja aporta todo lo demás.
Cortada poco cocida, los jugos de la carne aderezan la hoja mientras se marchita.
Isotiocianato picante contra harinoso ácido. Ambos agresivos, ninguno gana.
Hoja picante y semilla herbácea. Ambas son verdes; solo una tiene algo de grasa.
Hoja picante sobre aceite mantecoso: ensalada británica sin el acento italiano.
El amargor picante se enjuaga; el vino afila en vez de suavizar.
Los isotiocianatos picantes son el amargor que una fruta tan limpia y dulce nunca aporta por sí sola.
El amargor picante es lo que la fruta necesita cuando está demasiado madura para cortarla limpio.
Los isotiocianatos picantes cortan la densidad confitada de un solo bocado.
Dulce como mermelada y con semillas contra un verde picante. Ningún aderezo sobrevive a los dos.
La grasa verde y dulce del fruto seco suaviza el ardor sin apagarlo.
El mismo compuesto de brasicácea. La hoja es mostaza con clorofila pegada.
Territorio Segnit: verde picante contra mermelada, y la fresa gana por puntos.
Dos amargores, uno ácido y uno picante. Ninguno cede, los dos mejoran.
Ambos amargos, ambos con filo verde. Rallado sobre la hoja, no es una apuesta arriesgada.