Jambú
clásicoLa hoja entra al final y el caldo agrio le sube el hormigueo. Eso es todo el plato.
Jugo de yuca brava, que es veneno, fermentado un día y hervido hasta dejar de serlo. Ácido, amarillo, esencial.
La hoja entra al final y el caldo agrio le sube el hormigueo. Eso es todo el plato.
Asa el ave primero, y luego ahógala. El ácido arrastra hasta la última grasa a la olla.
La única sal que recibe el caldo, y se disuelve en vez de quedarse flotando encima.
El caldo y la goma salen de la misma raíz prensada. Uno es el líquido, la otra es el pegamento.
Machacado crudo dentro del hervor suave. Lo agrio pide algo punzante debajo, no algo dulce.
La chicória hierve en él durante una hora; la hoja dentada aguanta donde el cilantro colapsaría.
La alfavaca entra mientras hierve. Un caldo agrio quiere un toque verde y dulce arriba, no más ácido.
El grano lo bebe y se vuelve cremoso, así que la acidez termina dentro del almidón.
Dos minutos escalfado, ni uno más. El marisco dulce es justo para lo que se hizo un caldo ácido.
Agrio y picante sin nada dulce entre medio. La olla no tiene ningún interés en el equilibrio.
Pescado blanco y firme en un caldo tan ácido que casi lo cura. Quédate vigilando la olla.
Caldo agrio y tibio vertido sobre marisco frío, haciendo el trabajo de la mignonette con más cuerpo.
Dos cosas agrias que nunca se habían conocido, y la fruta le da al caldo el cuerpo que le falta.
Grasa contra ácido, la jugada de Bahía sobre un caldo amazónico. Queda cremoso, no cortado.
Dos fermentos resolviendo el mismo problema desde raíces opuestas: sal en uno, ácido en este.
Caldo amarillo y agrio como base de coctel. Una bebida sabrosa que nunca necesitó el tomate.