Uva
clásicoÁsalas en la misma sartén: el azúcar y el ácido reventados se convierten en la salsa.
Dos bocados de ave y una cantidad enorme de huesos. Lo que compras es la proporción piel-carne, no la cena.
Ásalas en la misma sartén: el azúcar y el ácido reventados se convierten en la salsa.
Ave pequeña, cocción corta: el tomillo es la hierba que más rápido suelta su aceite.
Envuélvela en bacon: la codorniz se seca en diez minutos y la grasa le da cinco más.
Algo donde asentar los huesos, que se beba los jugos que sueltan.
Una hoja en la cavidad. En un ave de este tamaño, esa es toda la sazón.
Semillas afiladas contra piel crocante: ácido y crocancia llegan juntos.
Polvo agrio y seco que no ablanda la piel como lo haría un jugo.
Ásalo al lado: la fruta colapsa en la grasa y se vuelve la salsa.
La resina la marca como caza, aunque el ave sea demasiado chica para saber a una.
Una hoja lo bastante grande para envolver un ave; el azufre se endulza bajo la grasa del asado.
Guiso ibérico: el safranal necesita grasa, y en la codorniz esa grasa vive en la piel.
Maridaje persa. El ave es lo bastante chica para no quedar opacada por la rosa.
Nibs en la costra: las pirazinas tostadas y amargas duplican lo que la piel ya tiene.