Cerdo
clásicoPasta de achiote, naranja agria, hoja de plátano, enterrado y cocido hasta deshebrarse.
Comprado por completo por el naranja al que tiñe las cosas. El sabor que tiene es apenas picante y extremadamente educado.
Pasta de achiote, naranja agria, hoja de plátano, enterrado y cocido hasta deshebrarse.
El jugo amargo de naranja de Sevilla es el solvente tradicional; el ácido saca el color.
El pigmento es soluble en grasa. Templado en manteca de cerdo, se vuelve aceite y tinte.
Frotado bajo la piel, tiñe la grasa y se dora antes que la carne.
El maíz nixtamalizado toma el color sin tomar ningún sabor que no quisiera.
Del Caribe a Manila, este es el color, aunque Mindanao llega ahí con cúrcuma.
Machacado en la pasta, la alicina aporta el aroma que a la semilla le falta.
El orégano mexicano es intenso; la semilla aporta polvo y color, no competencia.
Almizcle sobre polvo, y las dos especias secas se leen como una sola base cálida.
El aceite picante de la semilla colorea la fritura y le da al almidón soso un leve amargor terroso.
Por esto el queso es anaranjado, y su aporte de sabor es casi nulo.
El achiote tiñe la piel y sabe apenas a pimienta y tierra.
Colorear la mantequilla con esto es costumbre caribeña; el polvo picante sobrevive.
La piña asada con achiote: el ácido quita el polvo y deja un color que no se puede fingir.
Ambos son mesoamericanos y polvorientos; la semilla aporta un picante que el cacao no tiene.