Lima
clásicoEl ácido despeja el amargor de saponina que dejó el agua de enjuague.
Semilla andina que sobrevivió cuatro mil años, y después una década de ser una personalidad. Enjuaga las saponinas o sabe a jabón.
El ácido despeja el amargor de saponina que dejó el agua de enjuague.
Aldehídos verdes sobre una semilla que ya sabe verde: los Andes nunca los separaron.
El mordisco crudo del aliáceo evita que un tazón de semillas se lea como grava.
El mismo continente, y el frijol aporta el cuerpo que una semilla suelta no puede.
Especia terrosa sobre semilla terrosa. Tuéstala, o el maridaje se vuelve turbio.
La sal y lo agrio láctico hacen los dos trabajos que la quinoa no puede hacer sola.
Azúcar tostado contra amargor herbáceo. Ambos son andinos de nacimiento.
La semilla es casi libre de grasa y se nota. Aderézala mientras sigue tibia.
Dos semillas andinas, una reventada, otra hervida. La textura es todo el argumento.
Un ácido tropical y sulfuroso cae con fuerza sobre una semilla amarga y la vuelve afrutada.
Fruta andina de caramelo y maple contra semilla herbácea. Local, y poco probada afuera.
El destilado de uva moscatel eleva la nota jabonosa hacia algo floral.
Ambos amargos, ambos crujientes, ambos sudamericanos. Tuéstalos en la misma sartén.