Ajo
clásicoMachacados juntos en aceite y dejados reposar. Eso es el piri-piri y nada más.
Cinco centímetros de Capsicum frutescens a 60.000 Scoville. No es la especia de nombre casi idéntico con la que se confunde.
Machacados juntos en aceite y dejados reposar. Eso es el piri-piri y nada más.
La capsaicina se disuelve en grasa, no en agua. El aceite es el vehículo, no el aderezo.
Se abre el ave, se pinta, se asa fuerte. Portugal y Mozambique reclaman esto por igual.
El ácido afila el ardor y lo acorta. Se exprime después del calor, nunca antes.
En vinagre se conserva por meses y el picor sale limpio.
El marisco dulce aguanta un ardor así de rápido sin perder su propio sabor.
El dendé lleva el picor y tiñe todo de naranja. Bahía cocina con ambos a la vez.
La grasa del coco atrapa la capsaicina y la devuelve más lenta y más redonda.
La farofa le quita el ardor a un plato igual que el pan se lo quita a una boca.
Pescado entero, marcado y frotado. El ardor se queda en la piel, donde está el chamuscado.
Aldehídos verdes contra un ardor afrutado. Angola lo hace y Portugal casi nunca.
Ácido tropical sobre un chile que ya es afrutado. Salsa picante que se lee como mermelada.
México probó chile y cacao; nadie lo ha probado con esta. El amargor se encuentra con el ardor.
Bromelina y capsaicina trabajan la boca. Una la suaviza, la otra la enciende.