Salsa de soya
clásicoEl tallo no retiene agua, así que el glaseado se queda en vez de escurrirse.
Córtalo en rodajas, márcalo, séllalo. Hace una imitación de vieira, y se sale con la suya.
El tallo no retiene agua, así que el glaseado se queda en vez de escurrirse.
La carne densa aguanta un sellado largo; el ajo en láminas puede entrar desde el inicio.
Báñalo como a un bistec. Nada más dora parejo la cara marcada.
Nota de fruto seco encima de un hongo que, si no, es casi silencioso.
Blancos chamuscados, verdes crudos, mismo plato. Dos texturas gratis.
El tallo es dulce e insípido. La piperina le da un filo al que aferrarse.
Grasa más capsaicina llenan un medio que el hongo no tiene.
El picor dulce y fermentado laquea las rodajas y se quema en el borde.
Redúcelo a jarabe y el sellado queda vidrioso en vez de seco.
Hierba europea sobre un hongo asiático; lo amaderado es la bisagra.
Envuelve la rodaja sellada. El yodo hace convincente la impresión de vieira.
Vieira seca en la salsa, falsa vieira en el plato. A propósito.
Sirve ambos, mismo tamaño, mismo sellado. El chiste es que casi funciona.
Lactonas sobre madera dulce. Mantequilla, vaina de vainilla, tallo sellado. Pruébalo una vez.