Cordero
clásicoHumo y eucaliptol contra la grasa de cordero; la vaina hace lo que haría una parrilla.
Secado a fuego abierto hasta saber a eso. No tiene nada que ver con el cardamomo verde más allá del nombre.
Humo y eucaliptol contra la grasa de cordero; la vaina hace lo que haría una parrilla.
Una vaina en la olla y todo el vapor huele a un fuego que no está ahí.
Cocción larga: la nota de alquitrán se lee como el dorado que la carne nunca tuvo.
Frita hasta oscurecer con la vaina dentro, el humo y el azúcar terminan siendo el mismo sabor.
La corteza dulce suaviza una vaina que, sin ella, es puro fogata y eucaliptol crudo.
Tanino más humo de leña; hace que una hoja común sepa casi a lapsang souchong.
El almidón terroso recibe el humo sin necesitar cerdo en la olla que lo explique.
Humo dentro de una vaina. Le da al paneer la nota de tandoor sin usar tandoor.
Humo bajo perfume. Es la única forma de hacer que la mandarina sepa a cena.
Ambos ahumados y resinosos; el hongo aporta el umami que la vaina insinúa.
El cacao recibe el humo de leña mejor que el chile, y el eucaliptol lo alarga.
La malta ahumada con turba ya sabe a esta vaina. Viértelo sobre el guiso, no al lado.
Fruta de hueso oscura bajo la fogata; el amargor de la piel recoge la nota de alquitrán.
La resina de la vaina ahumada se asienta bajo la fruta seca y la hace leerse como especiada.
La vaina secada al humo contra el azúcar quemado; la bebida se vuelve sabrosa sin nada de sal.