Maní
comúnLa grasa del maní es lo que vuelve tragable el almidón seco y machacado. Estructural, no opcional.
No es un camote y ya se cansó de que se lo pregunten. Seco, denso, y hecho para machacar.
La grasa del maní es lo que vuelve tragable el almidón seco y machacado. Estructural, no opcional.
Capsaicina afrutada sobre almidón en blanco; el ñame es lo único que apaga el ardor.
Ácido y glutamato sazonan una raíz que casi no trae ninguno de los dos.
Frita despacio hasta confitarse, le da al almidón toda su base dulce.
Mucílago más harina seca: el maridaje de textura, no el de sabor.
El gingerol le da a una raíz harinosa una nota superior que no puede generar sola.
El ñame machacado pide una grasa con color y peso detrás. Aquí la mantequilla no hace nada.
En polvo y mezclado, lleva glutamato a cada rincón del almidón.
La grasa láurica cubre la sequedad; la leche vuelve el machacado una salsa.
Dos almidones, uno amargo y otro soso. Juntos se leen como algo completo.
El colágeno fuerte de la cabra necesita volumen debajo o el pepper soup no tiene dónde asentarse.
Ñame morado más leche azucarada; el almidón la cuaja sin necesitar huevo alguno.
Manteca de cacao y almidón floral: la lógica del ube aplicada a todo el género.