Mantequilla avellana
clásicoLos sólidos lácteos avellanados se topan con la misma nota en la glándula. Un solo sabor, dos veces.
Vísceras para quienes dicen odiar las vísceras. Natilla adentro, crocante afuera, sin discusión.
Los sólidos lácteos avellanados se topan con la misma nota en la glándula. Un solo sabor, dos veces.
Grenobloise: salmuera y mantequilla, porque la untuosidad pura necesita un filo.
El ácido sobre una costra crocante es la diferencia entre untuoso y pesado.
Ambos suaves, ambos esponjosos, ambos mejoran cuando entra la crema.
El verde dulce estalla contra una textura que no tiene mordida propia.
El humo le da a la glándula una columna sabrosa que no tiene por sí sola.
Reducido a jarabe, el azúcar oxidado enmarca la nota a vísceras en vez de esconderla.
La levadura flor y la cremosidad glandular comparten un registro salino y a pan.
La grasa lleva a la trufa, y esta es grasa que además tiene forma.
Vísceras lácteas, hongo sulfuroso. Ambos cuestan demasiado y los dos lo saben.
Dulce, salado y ligeramente oxidado es justo lo que necesita una víscera suave para leerse sabrosa.
Dos natillas, una de tierra y una de mar. Primero la textura coincide, después el aroma.