Ternera
clásicoEscalope delgado, sartén caliente, un chorrito de vino dulce. El azúcar construye el glaseado.
Sicilia respondiéndole al jerez, para acabar su vida entera en una sartén de ternera y un tazón de zabaglione.
Escalope delgado, sartén caliente, un chorrito de vino dulce. El azúcar construye el glaseado.
La grasa arrastra la fruta oxidada; el vino evita que la crema quede plana.
Batida al fuego, la yema retiene el vino como espuma en vez de cuajarse.
El agua del champiñón más el azúcar fortificado se reduce a salsa sin necesitar caldo.
El mismo truco de salsa de sartén que la ternera, y la carne más oscura acepta más dulzor.
Aliácea dulce más vino dulce se reduce hasta pasar de empalagoso a sabroso.
Las natillas necesitan el vino como ácido, no como sabor. El azúcar es el vehículo.
Maridaje siciliano por defecto; el vino oxidado y la semilla tostada comparten benzaldehído.
La cuajada fresca de oveja es insípida a propósito. El vino le da columna vertebral.
Dulce, salado y ligeramente oxidado es justo lo que necesita una víscera suave para leerse sabrosa.
Ambos llevan una lactona de albaricoque seco y un final tánico bien marcado.
El dulzor fermentado y el dulzor oxidado son la misma familia de Maillard.