Carne de res
clásicoPicada con aceituna y huevo, rellena de vuelta en el chile ahuecado y horneada.
Crujiente como una manzana, de semillas negras, y picante de una forma que llega tarde y luego se niega a irse.
Picada con aceituna y huevo, rellena de vuelta en el chile ahuecado y horneada.
Fruta salada y amarga contra una fruta picante y jugosa. Arequipa pone ambas en el mismo relleno.
Rebanada por debajo para que el almidón beba lo que escurra del chile en el horno.
La natilla cuajada del huevo lleva el picor de punta a punta sin suavizarlo nada.
El único chile que se mantiene crocante en el ácido en vez de ablandarse en diez minutos.
Ambas crudas, ambas ruidosas, ambas en láminas finas. La salsa andina en dos ingredientes.
Picor verde en vez de amarillo: más agudo sobre pescado blanco, y llega un instante más tarde.
La grasa es el único freno de este ardor, y el chile sabe mejor cuando se frena.
Derretida por encima, funciona como tapa y manta contra el fuego al mismo tiempo.
El maní molido espesa la salsa y le baja el filo al picor sin endulzarlo.
Licúa ambos crudos: el ácido de la fruta llega primero y el chile espera hasta que tragas.
Amargor de tueste bajo un picor verde: los Andes y Mesoamérica discutiendo en una sola cuchara.
El azúcar hace que el ardor se pueda leer. Vierte la miel sobre los aros crudos y cómelos como fruta.
Dos cosas verdes y aguadas, una de ellas en llamas. Una ensalada, y una advertencia.