Mostaza de Dijon
clásicoLos aceites de mostaza afilan las ftálidas; la juliana cruda necesita ese filo para mantenerse crocante.
Feo como un cerebro y el doble de útil. Todo el perfume del apio sin ninguna de sus fibras.
Los aceites de mostaza afilan las ftálidas; la juliana cruda necesita ese filo para mantenerse crocante.
La grasa del huevo retiene el perfume que de otro modo se apagaría en diez minutos.
Solo, el apio nabo es denso y soso. La manzana en juliana aporta el ácido y el crocante.
El ácido málico contra una raíz sabrosa; ambas se quedan crocantes y ninguna domina.
El almidón le da al puré el cuerpo que el apio nabo no tiene; el apio nabo le da el sabor.
La grasa lleva las ftálidas mejor que el agua, así que la sopa huele a la raíz cruda.
Resina y anís se asientan en el mismo registro cálido una vez que la raíz se ha caramelizado.
El puré de raíz, con su punto de fruto seco, da al plato la grasa y la suavidad que le faltan a la carne.
Tanino y aceite amargo igualan el amargor leve de la raíz en vez de cubrirlo.
Tostados, ambos van hacia lo de frutos secos por las mismas pirazinas; la nuez solo llega primero.
Calor de mostaza sobre una raíz terrosa; una ensalada rallada centroeuropea en una sola línea.
Remoulade contra el jamón: mostaza, dulzor de raíz y sal en un solo tenedor.
Enterrado entero en las brasas. La costra de ceniza sazona y aísla al mismo tiempo.
La raíz ya huele levemente a tierra y a hongo. La trufa termina la frase.
Dulce y mineral contra de frutos secos y mineral; el puré es un reflejo de restaurante.
Raíz terrosa contra fruta de huerto; el alcohol arrastra la ftálida que el agua deja atrás.
Ambos minerales y levemente salinos. En cintas crudas se leen como una ostra de tierra adentro.